Guarapo de café.

Un día se me ocurrió escribir un símil, algo ajeno a una persona sin asignar… Se me ocurrió en mi(s) tiempo(s) sola, algo sobre unos ojos color café, a partir de un recuerdo de mi infancia, pero no cualquier café… Sino de ese guarapo de que café de media tarde… Ese que mi abuela, -que en paz descanse-, le preparaba a los nietos en las tardes para recibir la “tirria” del día, o bien para que mis tíos descargaran los motores de las lanchas después de pescar,  para ellos la primera colada, la oscura, la fuerte; para nosotros el guarapo, lo que quedaba de la “borra” del cafe, dulcito eso sí. Cuando los pescados llegaban al patio de la casa con sus escamas pálidas, babosas e independientes, ya no pertenecían a su cuerpo saltarín, ese color opaco y esos saltos de reflejos fallidos, lo primero que le veía eran sus ojos, como a cualquier persona viva, andante y parlante, porque a los muertos se los cierran… Que extraño era eso, ver unos ojos sin vida, que no te inspiran a mantener la mirada por más de 2 segundos y menos cuando eres una niña de 8 años de edad. Siempre pensaba que la mirada más bonita era la de mi mamá, sobretodo cuando me vio graduarme de 6to grado, aunque no decía nada, su mirada hablaba, gritaba y saltaba, a pesar que sus ojos son café, son oscuros como el polvo de los sobres expresso, cuando se mojan con el agua, aunque son tan calientes como el humo que sale de la ollita al tocar la vieja taza, mientras mi abuela sirve a los mayores, a mis tíos. Yo sigo desviando la mirada de los pescados muertos y pienso que no hay que verle los ojos a los que los cierran, ¿por qué? Creo que te chupan la mirada, ah sí, la mirada, la mirada más linda que veía era la de mi mamá, siempre… -Ahí voy de nuevo- cuando me veía hacer algo bien, y quería algo así…Quería ver el mundo así como ella lo veía cuando me veía… Quería ver como cuando ella veía a mi papá… Quise guardarme el guarapito en la boca mientras pensaba que los ojos no son nada, que la mirada lo es todo… ¿De qué color será la mirada del que me vea en un futuro así, con amor? Aún no lo sé, no lo había visto. Era solo una niña que leía cuentos de amor y princesas. De esos recuerdos que me quedan ahora en este momento, solo me queda el sabor del cafecito de media tarde de mi abuela que no está, la cercanía escasa de mi mamá y mi casa, ni mis tíos que ya no los veo, ni a ellos ni a los pescados con ojos hundidos y desabridos, y hoy me doy cuenta que sí existe un color en la mirada… Y ese color es cuando tú me miras, que aunque todo esté mal, vuelvo mi cara a tus manos que abiertas la esperan, la sostienen y la ven, con los párpados entrecerrados… Haciendo una mueca, con las mejillas prensadas de esa sonrisa que sostienes, sí, son marrones, pero hay un color que tienen dentro y es que cuando me miran siempre van a ser grises, no de tristeza, sino porque es tan profunda tu mirada que veo mi color de ojos en tu pupila, y así es como mis ojos se calientan, tanto como el café de mi abuela en la vieja taza de metal, es el mismo reflejo que veo al acercarme a tomar un sorbo de la taza que ahora sostengo en mi mano, la que me hizo viajar a través de ese recuerdo, ¿El guarapo? Dulce, sí, los guarapos son dulces, como tus ojos, como tu mirada, como tú.

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