Como pez en el agua

Una mañana, común, de esas donde es inevitable levantarse con el peso de la rutina, de esas que no recuerdas de que estás hecho pero parece que eres ligero como una pluma, y pesado como el plomo de una red de pesca, tanto que atrapas todo y eres tan extrañamente receptivo y quieres salir por esos huequitos de la red para comerte el mundo y no quedarte atrapado dentro para no ser tú la cena. 
De entre esos desayunos que parecen ser inolvidables pues, están esos que por más que trates de recordar no lo encuentras, ni en la memoria ni en tus papilas gustativas, como dije, era una mañana de recuerdos de peces donde la memoria es, ¿Qué estaba diciendo?

Abordé un transporte público, de esos en mi país, donde cuatro ruedas son suficiente soporte pero un cuerpo apretado como sardina en lata no lo es… -Creo que no estoy hecha para el encierro, ni para el amontonamiento de olores ni toques de apretujos obligados por la circunstancia del autobús-  aunque no es la red la que tiene culpa, tampoco lo es el autobús, sino el pez y su lugar y momento equivocado en el mar, quizá el pescador, quizá el conductor, quién sabe.

Camino hacia atrás como pez que quiere abrir sus branquias para tomar un poquito de…

– Agua, agua señores, el agua, bien fría.

Desprevenida, me toma esa voz de un vendedor ambulante… Quizá no es agua lo que necesite, sino aire, un huequito donde entre un poco de oxígeno, justo el que necesito para respirar. Mi mente me lleva directo al momento donde me siento en una red atrapada y quiero ver un hoyo para salir, sé que no puedo, pero quiero que se rompa la red, en este caso, el autobús.

Sucumbida inevitablemente en mis pensamientos navego, entre ese mar de gente hasta donde está una señora de pie, bajita, y casi invisible, -para aquellos que evitan verla directamente para no cederle el asiento- ya lo hemos perdido todo, ¿no?

Unas paradas más adelante la señora aún no se mueve de aquel no tan firme tubo de pasamanos, quisiera tener la voluntad de respirar profundo y gritar que se levante alguien para que la señora se siente, pero en vez de respirar, aspiro, y asiento en mis pensamientos la inutilidad de decir algo…

Poco a poco se va desocumpando el autobús, y veo que la señora sigue de pie, aunque ya quedamos tres personas en el pasillo -casi- despejado, aún los asientos están ocupados, pero la señora sigue siendo invisible, es como mi voz, muda… Sin poder decir nada no paro de verla y disimular a través de la ventana mi decepción, y mi molestia…

Se desocupa un asiento casi al llegar a mi parada y le digo sin pensar dos veces a la pequeña y bajita señora, de unos ochenta y tantos, calculo yo, con esas manos fuertes pero ojalá pudiese decir eso de sus -no tan altas- piernas…

-Sientese. -le digo- con voz dulce y queda… Ella me interrumpe…

-Gracias, ya me quedo en la próxima parada, aunque me vendría bien estirar las piernas mientras pasamos el semáforo.

La miro, y sólo le sonrío… Ella interrumpe mi sonrisa y dice…

-Algunas veces pienso que la sociedad es como un cardumen de peces, sabes, no como ganado, sino peces, el ganado al menos se resiste cuando lo meten a los establos, los peces caminan hacia la red, y siguen moviéndose como si nada, de allí la expresión: “como pez en el agua”, pienso yo, mientras el pez tenga agua, sigue viviendo, así viva encerrado, así estamos en el país, sin hablar de política, claro, se nos olvidan las cosas al tiempo, de donde venimos y peor aún a donde vamos, yo no olvido, a la edad que tengo no lo hago, nunca voy a olvidar por cierto el color de tus ojos y tu bondad -me dice- hay cosas que marcan… Y que bueno mija, que no seas un pez.

Yo, por mi parte, vuelvo de mi interrumpida sonrisa y frunzo el ceño dirigiendo una mirada totalmente diferente a la que tenía antes a ella, relajo la frente y le expreso una media sonrisa como sostenida, poniendo mis labios finos… A la vez le digo…

-No tengo palabras de verdad, pero que reflexión tan cierta.

Ella me responde esperando que termine de hablar y me dice…

-Ya me bajo aquí, me vine sin comer de casa de mi hija, pero hay veces que uno se desayuna de otras cosas, de momentos para el alma como donde el pez que se sale de la red, donde decide abandonar el cardumen… Y ser libre. Como donde una muchacha decide darle su puesto a una vieja maestra. A veces nos quitamos cosas y se la damos a los demás, es como ayunar… -se ríe-

En lo que terminó la frase, dejó de parecerme sorprendente el hecho de hablar de peces cuando pase el rato pensando en eso…

Una palabra me hace volver de mis pensamientos <<Ayuna>>…

Pues, razón tenía para no recordar mi desayuno, pues no desayuné…

O…Tal vez sí.

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2 comentarios en “Como pez en el agua

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